Se constata un intercambio genético entre las poblaciones del oriente y occidente cántabro.

 

OSO PARDO:

HUELLAS DE ESPERANZA

 

Un estudio de la Fundación Oso Pardo confirma la huella genética de la población occidental en el núcleo oriental de osos cantábricos. Esto significa que se ha roto el aislamiento entre ambas poblaciones, uno de los factores que ponen al plantígrado cántabro en el borde de la extinción.

 

La presencia del oso se limita en nuestra península a dos pequeños núcleos en el sector central de la cordillera cantábrica*, llamados “occidental” y “oriental”. El segundo, bastante más pequeño que el primero, ha permanecido durante un tiempo indeterminado aislado, lo que ha forzado la reproducción endogámica. La endogamia y el empobrecimiento genético consecuente al aislamiento de poblaciones, es la mayor amenaza para la existencia de este gran mamífero, junto con el furtivismo y la destrucción de su hábitat.  

Sin embargo, los últimos estudios de la Fundación Oso Pardo destinados a determinar la variabilidad genética de los osos orientales, han abierto camino a la esperanza. Entre junio de 2013 y agosto de 2014, se han recogido 152 muestras de pelo y excremento que se han sometido a un análisis de ADN. Los resultados señalan que de 26 ejemplares individualizados en la subpoblación oriental, “7 son osos migrantes que han llegado desde la población occidental y 14 osos con algún grado de mezcla, procedentes de cruces mixtos entre ejemplares de ambas subpoblaciones”* En otras palabras, el aumento de variabilidad genética en los osos orientales reduce su vulnerabilidad a enfermedades y cambios ambientales, y contribuye al aumento de camadas.

Para que el intercambio genético entre ambas poblaciones siga creciendo, es fundamental la protección y ensanche del pequeño corredor que comunica los dos núcleos, una franja que discurre entre el puerto de Pajares y Riaño, por los picos de Mampodre y el corazón de la Cordillera, un territorio cruzado por una autovía (AP66) y varias carreteras de primer y segundo orden, además del obstáculo que suponen los embalses de Luna, Porma y Riaño. Es necesario el mantenimiento de pasos que salven estos obstáculos, y de una cobertura arbórea y arbustiva abundante y variada que favorezca la presencia y tránsito de osos. En este sentido hay que destacar las repoblaciones con cerezos y otros frutales, además de frondosas como castaños, robles y hayas, emprendida por diversas instituciones con el objeto de mantener un entorno óptimo para la supervivencia del gran plantígrado. Paralelamente, es necesario aumentar la labor de concienciación social y un estricto control que erradique el furtivismo y la colocación de lazos y venenos, pues a pesar de la vigilancia de voluntarios y funcionarios, todos los años aparecen nuevos casos de esta aberrante práctica.

El oso era un animal relativamente abundante en buena parte de la Península en el siglo XIV, como se señala en el Libro de la Montería de Alfonso XI; y aún podía encontrarse con normalidad en el s XVI en toda la cordillera cantábrica, con los Montes de León y el sistema galaico, los Pirineos, sistema ibérico, sistema central y Montes de Toledo, Sierra Morena y las cordilleras béticas, es decir, los principales sistemas montañosos de la Península. Sin embargo, la deforestación y la persecución implacable del hombre, agravada por el desarrollo de las armas de fuego, han puesto a esta especi al borde de la extinción.

En el siglo XIX se produce la separación y aislamiento de los osos cántabros y pirenaicos, emparentados con los mismos osos pardo eurasiáticos, mientras desaparecen las poblaciones galaicas y meridionales. Está perfectamente documentado el acoso salvaje que sufrió el oso en el primer tercio del siglo XX. Considerado como una alimaña perjudicial para la ganadería, y mientras se deforestaban sus ancestrales territorios, se mataba a machos, hembras y a las madres con sus oseznos (esbardos o escañetos, como se les conoce en Asturias y Cantabria) por cualquier medio y en cualquier época del año, por aldeanos y por nobles (son famosos los lances de caza osera protagonizados por Alfonso XIII y la familia real), sin que ningún cazador sintiera el menor atisbo de malestar o conciencia de hacer algo malo. El exiguo núcleo cántabro termino por dividirse en dos territorios  aislados, mientras desaparecía de los Pirineos.

No se empezó a proteger al oso de manera efectiva hasta el decreto 2573 de 1973. Para entonces, el oso pardo ibérico, con unas pocas docenas de supervivientes, era ya una especie a punto de la extinción absoluta. Por fortuna, fue creciendo una corriente de opinión que se negaba a la desaparición del oso de nuestros montes, y exigía medidas urgentes para detener la masacre. En 1992 se crea la Fundación Oso Pardo, una institución que desde su misma aparición hasta nuestros días no ha cesado en su importantísima labor conservacionista. Fruto de este trabajo es el cambio de tendencia, con la estabilización y crecimiento de las poblaciones cántabras, que se estiman en la actualidad como de 200 ejemplares para el territorio occidental, y de 30 para el oriental. El restablecimiento de intercambio genético entre ambos núcleos, es ciertamente una buena noticia y un motivo de optimismo para esperar que el aumento de la población y su variabilidad genética alejen definitivamente la amenaza de extinción.

Han aparecido nuevas leyes para proteger al oso, y las penas económicas (de 5.000 a 2.000.000 €) e incluso de prisión para los infractores, no evitan que sigan apareciendo lazos, veneno, y osos abatidos furtivamente. Por eso es necesario no cesar en la labor de concienciación social que termine con estos usos.

 

 

 

*La población pirenaica se consideró extinta a mediados del siglo XX, los pocos osos pardos que actualmente viven en el pirineo español son procedentes de un intento de repoblación con osos eslovenos.

 

** Ver  http://www.fundacionosopardo.org/index.php/la-subpoblacion-oriental-de-osos-mejora-su-salud-genetica/#sthash.NkW3xvaK.dpuf

 

 

 

 

últimas actividades